Saltar al contenido

opinión por 🖋️ César Gabriel Salina
Cada vez queda más en evidencia cómo algunas personas que aspiran a liderar la gestión municipal del departamento de Tunuyán parecen acercarse a la política con una mentalidad equivocada, la del beneficio propio. Ven la función pública como una oportunidad para el crecimiento personal y el de unos pocos, olvidándose de que gobernar implica, ante todo, asumir una responsabilidad con toda la sociedad.
Esa política vieja, obsoleta y teñida de frustraciones pasadas sigue intentando convencer a las nuevas generaciones de que el poder es un objetivo en sí mismo, cuando en realidad debería ser una herramienta para transformar la realidad. Y es precisamente ahí donde queda expuesta la mediocridad de quienes todavía no han comprendido cuáles son las verdaderas necesidades de nuestro departamento.
Señores dirigentes políticos en actividad; señores que aspiran a ingresar en la esfera política.
No se trata solamente de tener títulos.
No se trata de ser licenciados, ingenieros, abogados o tener un doctorado, se trata de contar con la capacidad intelectual, profesional y humana para comprender los problemas, construir soluciones y llevar adelante proyectos que contribuyan al desarrollo de Tunuyán.
Los títulos académicos son valiosos, pero no garantizan por sí solos la capacidad de gobernar. Lo que realmente importa es la idoneidad para ejercer una función pública, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, la capacidad de trabajar en equipo y, sobre todo, la voluntad de transformar las ideas en proyectos concretos, viables y sostenibles.
Porque una cosa es ejercer una profesión en el ámbito privado y otra, muy diferente, es asumir responsabilidades en el ámbito público, donde cada decisión repercute en la vida de miles de ciudadanos, y acá es donde muchos parecen confundirse.
Da vergüenza, bronca y tristeza ver cómo algunos de quienes ya forman parte de la política, y otros que buscan ingresar, recorren las calles del departamento con sus mejores trajes y un discurso preparado, convencidos de que un título, un apellido o una posición dentro de un espacio político los coloca por encima del resto.
¡Muchachos, bajen a la realidad!
La política no es una pasarela de egos ni una agencia de colocaciones, tampoco es un premio para quienes saben acomodarse, buscar padrinos o negociar un cargo antes de demostrar lo que son capaces de hacer.
Si están donde están únicamente porque alguien los puso, o si están buscando desesperadamente quién les asegure un lugar, háganse una pregunta… ¿qué tienen realmente para aportar a Tunuyán?
Porque los cargos públicos no deberían repartirse como favores personales, deberían ocuparse con personas idóneas, comprometidas y capaces de responder por sus decisiones.
Tunuyán no necesita más nombres que busquen un lugar; necesita personas que estén a la altura de la responsabilidad que pretenden asumir.
Necesita dirigentes que conozcan la realidad de sus distritos, que escuchen a los vecinos, que comprendan las dificultades de quienes trabajan todos los días y que tengan la capacidad de diseñar políticas públicas que vayan más allá de una campaña electoral.
Necesita ideas, planificación, equipos preparados y proyectos que puedan concretarse. No promesas vacías, discursos repetidos ni disputas internas por ver quién se queda con una silla.
Y que quede claro: esta crítica no apunta contra quienes tienen títulos, experiencia o aspiraciones legítimas. Apunta contra quienes confunden sus credenciales con superioridad, sus contactos con capacidad y el acceso al poder con un derecho adquirido.
SEÑOR INTENDENTE. SEÑOR FUTURO INTENDENTE DE TUNUYÁN.
Recuerde algo fundamental: gobernar no es solamente gestionar; también es escuchar.
Escuchar al ciudadano común, al trabajador, al productor, al comerciante, al joven que busca oportunidades y a la familia que espera respuestas concretas.
Porque detrás de cada decisión municipal hay personas, necesidades y realidades que no siempre aparecen en los discursos políticos.
El poder es transitorio. Los cargos pasan. Los títulos permanecen. Pero lo que verdaderamente deja huella es la capacidad de hacer, la honestidad de actuar y el compromiso de trabajar por los demás.
La política no debería ser el camino para que unos pocos lleguen más alto, sino la herramienta para que todo un departamento pueda avanzar.
Y si todavía hay dirigentes que no entienden esa diferencia, entonces el problema no es la falta de títulos.
ES LA FALTA DE VOCACIÓN DE SERVICIO.
Related Posts
26 octubre, 2026
20 octubre, 2026
19 octubre, 2026
imunify-bot-check